domingo, julio 17, 2005

Hemos estado en Oslo. 4 horas sólo, pero dan para mucho... sobre todo si vas con Antonio.

Decidimos ir al Vigeland Park. Tomamos un pequeño tranvía y cuando Pepi va a preguntar al conductor en que estación hay que bajarse, el conductor clava los frenos y Pepi sale volando y choca contra la cabina. Menos mal que fue sólo un susto, pero qué susto, jo.

Y que casualidad que hoy vemos la primera noche en varios días. En fin, que las estatuas las vemos de noche. Total, que un grupito de aguerridos españolitos llenos de cámaras hasta los dientes decidimos meternos en un solitario parque un domingo por la noche.

Tuvimos suerte y vimos sin problemas estas curiosas estatuas que salpican el parque.
Resultaban bellas pero enigmáticas a la vez, las sitúo entre Rodin y Botero. Niños y, sin embargo, con la tenue luz de la noche las estatuas parecían tener un extraño doble sentido, y los niños no parecían sólo niños. Vamos, que daba algo de mal rollo. (las peliculas de miedo que más miedo dan son las que aparecen niños, y cuanto más serios, más miedo dan...)


Vigeland Park

De vuelta al centro, visitamos el ayuntamiento y el palacio real.

También vimos las borracheras que se pillan las chicas de Oslo acosando a los conductores de coches deportivos con llantas de aleación giratorias.